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CICLO ACTUAL: "VIAJES EN EL TIEMPO"

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Si los viajes en el tiempo son posibles, ¿dónde están los turistas del futuro?»

Stephen Hawking en Breve historia del tiempo.


La trama de Los cronocrímenes (2007) no comienza a causa de los esfuerzos de un científico obsesionado por viajar en el tiempo o con la alborotadora aparición de un habitante del futuro que necesita cambiar los hechos del presente. A diferencia de los referentes más conocidos del género, este filme se desarrolla en lo cotidiano: un día cualquiera de las vacaciones de una pareja en una casa rural. El protagonista Héctor (interpretado por Karra Elejalde) es un tipo con una vida corriente. Su trabajo le permite cierta comodidad económica pero le quita horas de sueño. Y su mujer le adora, pero es obvio que en una época pasada sintió por la relación un entusiasmo mayor.


Cartelería internacional de Los cronocrímenes.


Lo que dispara la trama es una afirmación que la narrativa sostiene desde el principio de los tiempos: la cotidianeidad siempre esconde cuestiones. Como cualquier individuo, Héctor tiene necesidades, filias, fobias, deseos y curiosidades que no tienen que ser necesariamente inocuos. A falta de mejores distracciones, decide sentarte en su jardín y observar los alrededores con unos prismáticos. Su impulso voyerista obtiene premio al dar con el desnudo de una joven (interpretada por Bárbara Goenaga). Dentro de su vida rutinaria, esta visión fortuita supone un acontecimiento tal que le inspira a adentrarse en el bosque para ver qué está sucediendo y, de paso, disfrutar de la estampa desde posiciones más cercanas. En el escenario del avistamiento, un turbador personaje con el rostro cubierto por un vendaje rosa le ataca y comienza a perseguirle. Ha caído en una trampa por seguir sus instintos más primarios.

Nacho Vigalondo (director y guionista del largometraje) confecciona una historia en la que la ciencia ficción aporta los giros argumentales pero cuyo tema principal es la supervivencia del individuo. En primer lugar, Héctor ha de huir de este misterioso villano que le persigue. En su desesperación da a parar a un laboratorio donde un joven (interpretado por el propio Vigalondo) le ofrece esconderse dentro de una gran maquinaria de tipo industrial. Cuando sale, resulta que Héctor ha sido trasladado atrás en el tiempo y que su yo del pasado, y no él mismo, está viviendo en su casa con su mujer. Entonces, decide que debe arrastrar a su yo del pasado a las mismas situaciones que acaba de vivir, para así poder enviar al otro atrás en el tiempo y él recuperar su vida en el presente. Con esta decisión también se dispara el arco dramático de nuestro protagonista, que sufrirá un desarrollo en la tradición de los héroes de las odiseas de la narrativa universal.


Esta siniestra figura es el que persigue al protagonista hasta su viaje en el tiempo.


Otra diferencia con las obras del género consiste en que el antagonista es el mismo Héctor —o, si se prefiere, “Héctor del pasado”—. Este es el personaje que ha de borrar de su vida. El protagonista adopta la estrategia de explotar el conocimiento de su propia psique, de sus instintos e incluso sus deseos más oscuros, para atraer a su otro yo al mismo bucle espacio-temporal en el que él está introducido. Las cualidades de Héctor se ven incrementadas. En su forma primeriza, el personaje es torpe psicológica y físicamente. Cae fácilmente en la trampa que le ha tendido el tipo de la cara vendada, tiene tropiezos y caídas constantes cuando se mueve y en ningún momento tiene en cuenta un entorno capaz de ocultar cualquier peligro. No obstante, la necesidad de supervivencia causa una curva de aprendizaje. Se ve obligado a pensar con mayor agilidad, a manejar situaciones con sangre fría y a ser violento en el caso de creerlo ineludible. Héctor utiliza a su favor el hecho de haber vivido ya las mismas situaciones desde el lado pasivo y, sobre todo, de conocerse a sí mismo.

Aspecto bien diferente es la confianza en uno mismo, o el que parece ser uno mismo sin serlo. Héctor no soporta que haya otro viviendo su vida al lado de su mujer, aunque sea él mismo. Esto lanza dilemas sobre la identidad, la personalidad y el ego en definitiva. ¿Hasta qué punto confiaríamos en unas personas que son al cien por cien iguales a nosotros genética e identitariamente? ¿O desconfiaríamos de estos dobles precisamente porque conocemos nuestros defectos? ¿Hasta qué punto dependen nuestros egos de nuestra integridad física para considerarnos nosotros mismos?


El científico (Vigalondo) intenta explicar a Héctor lo ocurrido.


La otra incógnita se lanza sobre la propia clasificación en el género de la ciencia ficción de la película. En las historias de viajes en el tiempo se distingue entre dos teorías. Por una parte está la del universo consistente, según la cual un “yo futuro” de un personaje ya ha realizado un viaje al pasado en el que ha provocado sucesos cuyos efectos ya están incluidos en su vida presente. Para que nos entendamos, un ejemplo de esta vertiente sería La jetée (Chris Marker, 1962), en la que un hombre acaba descubriendo que el asesinato que presenció cuando era un niño, que le ha marcado la vida, es el de su propia muerte. Por el contrario, tenemos la teoría del universo mutable, por la que toda modificación que se realice en un viaje al pasado afectará al presente. El ejemplo más reconocible de este universo sería la saga Regreso al futuro de Robert Zemeckis. En Los cronocrímenes, Vigalondo parece establecer un híbrido entre ambas teorías: Héctor sufre los efectos de un viaje al pasado ya efectuado (algo propio del universo constante) pero busca volver atrás en el tiempo para corregir los errores fatales que ha cometido durante su travesía. También tendría el honor de ser uno de los pocos personajes de la ciencia ficción que ha interactuado consigo mismo y podría certificar pasiva y activamente la existencia de los “turistas temporales”, un concepto utilizado por Stephen Hawking cuando habla de la improbabilidad —que no imposibilidad— de los viajes al pasado. Es decir, para Hawking, no haber convivido con personas procedentes del futuro reduce considerablemente las posibilidades de realizar estos viajes. Pero por suerte, la ciencia en la narrativa cinematográfica suele servir, como en Los cronocrímenes, de excusa para dar rienda a otras cuestiones igualmente excitantes.


Antonio Ruzafa



Vídeo introductorio a Los cronocrímenes
por Antonio Ruzafa.





lunes, 28 de noviembre de 2016

El tiempo en sus manos de George Pal


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Todos tenemos nuestra máquina del tiempo, ¿no? Las que nos llevan hacia atrás son recuerdos; las que nos llevan hacia adelante son sueños.»

Über, Morlock interpretado por Jeremy Irons en la adaptación de La máquina del tiempo de 2002.


Acercándose el final de la encorsetada era victoriana apareció en la literatura inglesa un escritor que impulsaría el naciente género de la ciencia ficción. Se considera a Herbert George Wells, junto al francés Julio Verne, el precursor de esta incipiente rama literaria que más tarde saltaría a todo tipo de interpretaciones artísticas. Las teorías evolutivas de Charles Darwin en El origen de las especies (1859) y El origen del hombre (1871), así como el progreso científico, industrial y, sobretodo, tecnológico de finales de siglo XIX favorecieron la aparición del mítico novelista. A diferencia de Julio Verne, H.G. Wells tenía una formación académica relacionada con la ciencia (Biología, Zoología y Geología) y forjó su leyenda escribiendo artículos en revistas especializadas. Más tarde conseguiría el éxito con los relatos de ficción fantástica. La máquina del tiempo (The time machine, 1895), El hombre invisible (The invisible man, 1897), La isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau, 1987), La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds, 1898) y Los primeros hombres en la luna (The First Man in the Moon, 1901) son las obras que consolidaron el género. En sus novelas, Wells trató los temas contemporáneos que le preocupaban, como la realidad sociológica del momento con su lucha de clases. H.G. Wells abogaba por el establecimiento de un sistema social más justo, de un socialismo que partía del convencimiento de la sociedad y no de la imposición. Intentó fomentar todas sus convicciones reformistas a través de la literatura, en lo que para muchos eran temas tabúes. Fue uno de los novelistas favoritos de los estudios cinematográficos cuando se decidió adaptar a la gran pantalla el género de la ciencia ficción. Numerosas son las películas que han adaptado su obra. Su relación con el cine le llevó a ser guionista de la película La vida futura (Things to come, 1936) de William Cameron Menzies, en la que abordaba su preocupación por la guerra, la tecnocrácia y el uso del progreso con fines belicistas. Orson Welles lo encumbró todavía más a la fama cuando hizo creer a los estadounidenses que estaban siendo invadidos por extraterrestres en una adaptación radiofónica el 30 de octubre de 1938 de La guerra de los mundos.


Cartelería internacional de El tiempo en sus manos.


Su opera prima, y la que a la postre ha originado ríos de tinta y subgéneros dentro de la propia ciencia ficción, es La máquina del tiempo. Su participación en publicaciones científicas le hizo un conocedor inmediato de cuanta teoría asimilable a sus escritos pudiera aprovechar; es así como utilizó y divulgó el concepto físico y matemático de la 4ª dimensión relacionándolo con el tiempo. Albert Einstein formuló años más tarde su Teoría de la relatividad (Teoría de la relatividad especial, 1905; Teoría de la relatividad general, 1915) y disparó la posibilidad de viajar en el tiempo utilizando conceptos tan complejos como inalcanzables, lo que no impidió hacer las delicias de los géneros fantásticos y de ciencia ficción. Unas teorías que gozan, aún hoy en día, de una popularidad inusitada siendo objeto de célebres series de televisión como la longeva Doctor Who o la española El ministerio del tiempo, de películas de calidad contrastada en la actualidad como Interstellar (2014) de Christopher Nolan, e incluso videojuegos. H.G. Wells fue el impulsor definitivo que se necesitaba y mediante su ciencia especulativa jugó a predecir el futuro creando una distopía basada en la evolución del hombre. Siguiendo las teorías darwinistas, se atrevió a pronosticar el fin de la humanidad tal como se conocía a finales del siglo XIX, debido a la profunda división entre las clases sociales. La novela llevaba a su protagonista al año 802.701, en el que se encontraba con un Londres muy diferente. La vegetación había devorado las pocas ruinas que se mantenían en pie. Allí se encontrará con una humanidad decadente que alcanzaba un socialismo utópico dividido entre los frágiles Eloi y los subterráneos y simiescos Morlocks. La novela de H.G. Wells quedaba abierta a diferentes interpretaciones, aunque la más común es la que ve en esta obra una llamada de atención a la responsabilidad de los hombres en el devenir de la humanidad, o a una sátira de la sociedad capitalista. El escritor quiso moralizar en este asunto llevando al extremo la desembocadura de un conflicto entre la clase obrera y clase dirigente. Al respecto formuló:

«Todos mis libros a partir de La máquina del tiempo denuncian la inseguridad del progreso y la posibilidad de la degeneración y extinción del hombre. Creo que llevamos las de perder, pero vale la pena luchar.»

En 1960, tras una década fabulosa en la que las películas de ciencia ficción florecieron gracias a los avances en el campo de los efectos especiales, por el ambiente de desconfianza creado durante la Guerra Fría y el por el surgimiento de la era nuclear, George Pal decidió llevar a la gran pantalla La máquina del tiempo. El tiempo en sus manos fue la traducción de su título al castellano. George Pal era un director de cortometrajes de animación húngaro que tuvo que salir de Europa tras el alzamiento de los nazis. Su especialidad era la animación de marionetas con la técnica de stop motion. Con el prestigio que consiguió en la televisión americana con su serie infantil Puppertoon dedicó sus beneficios a producir películas de ciencia ficción en los florecientes años 50. Desdobló su labor entre la dirección y la producción, pero incluso desde este último cometido hay que considerar las películas como suyas, ya que el trucaje, factor fundamental en la realización, lo iba a diseñar y efectuar él mismo, además de marcar la línea del filme hasta en sus más pequeños detalles. Sus primeras tentativas estaban encaminadas a obtener la perfección en los movimientos de sus muñecos, a lograr que el espectador olvidase totalmente que se trataba de simples marionetas y las considerase como algo enteramente real, como seres que hablaban, se movían y llegasen a componer complicados bailes, como ocurría en Pulgarcito (Tom Thumb, 1958). Ahora bien, Pal se planteó el problema de combinar esta imagen, conseguida por la filmación fotograma a fotograma, y la imagen real, e inventó un sistema nuevo que, años después, va a ser conocido como Dynamation, y que se siguió utilizando posteriormente con mucho éxito de la mano del creador de efectos visuales Ray Harryhausen en películas como Jasón y los argonautas (Jason and the argonauts, 1963) de Ron Chaffey. Este proceso consistía fundamentalmente en el rodaje de modelos reducidos a través de marionetas que reproducen el movimiento humano y la utilización de maquetas a escala, es decir, ciudades que se hunden, volcanes en erupción, destrucción de edificios, ferrocarriles, etc. Para lograr el efecto deseado se tenía que acondicionar la cámara tomavistas a una velocidad superior a lo normal, a más de 78 fotogramas por segundo. Los personajes reales actuaban ante un fondo blanco. Después, las imágenes de las distintas películas se superponían en el laboratorio. Este tipo de efectos dotan al filme, hoy en día, del encanto añejo de lo hecho a mano, de lo artesanal. Con el prisma de la actualidad, con sus informáticas recreaciones, debemos acercarnos a estas producciones, y a El tiempo en sus manos en concreto, con la advertencia de que se trata de un respetable producto de serie B del año 1960. La recreación de los Morlocks se nos antoja hoy, con sus disfraces, sonrojante y graciosa al mismo tiempo. Mientras, el stop motion ha quedado relegado a las películas de animación en las que sobresalen cineastas como Tim Burton con La novia cadáver (Corpse Bride, 2002), Henry Selick con Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993) o Wes Anderson con Fantástico Sr. Fox (Fantastic Mr. Fox, 2009). Todos ellos son deudores en gran medida del visionario George Pal.


Rod Taylor sentado en la icónica máquina del tiempo da vida al mismísimo H.G.Wells, un personaje que en la novela se llamaba simplemente El Viajero del Tiempo. El papel de Rod Taylor en este filme es, junto al de Los pájaros (Alfred Hitchcock; The Birds, 1963), uno de sus trabajos más recordados.


Tres películas de George Pal ilustran perfectamente el tipo de aportaciones que el cine de ciencia ficción le debe. Reúnen innegable interés y por partida doble, pues sus características son además magníficas representantes del cine de los años 50: filmación en color, producción B, actores poco conocidos, ingenua historia sentimental, diálogos llenos de explicaciones, y un mensaje paternal. Las películas son Con destino a la Luna (Destination Moon, 1950) de Irving Pichel, Cuando los mundos chocan (When Worlds Collide, 1951) de Rudolph Maté y La guerra de los mundos (The War ot the Worlds, 1953) de Byron Haskin, con la que tomaba contacto con la obra de H.G. Wells. En todas estas producciones se hizo con el Óscar a los mejores efectos especiales, por lo que la futura adaptación de La máquina del tiempo y sus retos técnicos no tuvieron mejor responsable, al recaer en las manos de un mago de la ilusión y los efectos especiales. Gracias a su dominio, buscó encontrar mediante su arte la representación de los mundos y aparatos de la ciencia ficción, pero también demostró su gusto por la fantasía clásica de los cuentos de los Hermanos Grimm o el Dr. Seuss en los que derrochaba imaginación visualizando mundos de magia infantil.

Entre los hechos sucedidos en la novela, finales de 1899, y su adaptación cinematográfica existe una diferencia de más de 60 años, comprendiendo más allá de la primera mitad del Siglo XX. George Pal y su guionista, David Duncan, utilizaron ese plus de bagaje histórico para remarcar, todavía más si cabe, el mensaje antibelicista y el miedo nuclear de los años 60. A tal efecto, decidieron que el viajero del tiempo ( H.G. Wells en persona, interpretado por el australiano Rod Taylor), iniciara su viaje desde un Londres inmerso en la Guerra Anglo-Boer en Sudáfrica (1899-1902). Las siguientes paradas corresponden con la Primera Guerra Mundial (1917), la Segunda Guerra Mundial (19 de junio de 1940) durante un bombardeo alemán a la ciudad y, por último, la destrucción de Londres por un satélite nuclear en agosto de 1966, dejando a la humanidad al borde de la extinción. Tres guerras reales y una imaginaria que nos muestran con pesimismo, y en algo más de 40 minutos, lo destructivos que podemos llegar a ser. La película jugaba, pues, con el futuro cercano e inventaba un conflicto que se inspiraba en el miedo al holocausto nuclear latente durante la Guerra Fría. La paranoia catastrofista de aquella época se ha tratado en Filmoteca Sant Joan desde El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) del existencialista Ingmar Bergman hasta Teléfono Rojo ¿Volamos hacia Moscú? (Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964) de Stanley Kubrick. El hastío belicista que sugiere la película no estaba presente en el libro, pero sí que actualiza y aprovecha los conceptos respetando el espíritu de la obra original. En cuanto a la división entre los Eloi y los Morlocks, en la novela se justifica como una evolución desigual entre las clases sociales: los Morlocks descendían de la clase proletaria obligada a trabajar con máquinas bajo tierra y los Eloi eran los sucesores de la clase burguesa que vivían sin preocupaciones en la superficie, en lo que el viajero del tiempo piensa que es el paraíso alcanzado por el socialismo. En la película, sin embargo, esta división es fruto de la guerra nuclear. Unos sobrevivieron en la superficie y otros se quedaron bajo tierra en los búnkeres antiaéreos, lo que los hizo evolucionar por separado. Como curiosidad, habría que apuntar que nuestro viajero desembarca en el año 802.701 el día 12 de octubre, la misma fecha en la que Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo.


Los Eloi, con su flequillo rubio y su vida sin obligaciones, son el vivo reflejo del movimiento hippie de la década de 1960, año de estreno de la película. Los Morlocks, sin embargo, gozaron de unos diseños de personaje más simiescos, con los cabellos y la tez pálida debido a la vida subterránea. Este aspecto se inspiraba en los animales ciegos y sin color de las profundidades abisales.


La máquina del tiempo, como aparato mecánico, es un concepto original de la novela de H.G. Wells. Su uso es sencillo y está exento de toda paradoja temporal atribuida a los viajes temporales en la actualidad. El diseño del artilugio que creara el equipo de George Pal ha causado reverencia entre los diseños futuros. La maquina original, de diseño victoriano, ensamblaba una silla de barbero en una especie de trineo con un gran disco giratorio trasero; éste se accionaba a través de una palanca inserta en un panel mediante el cual se podía fijar una fecha en concreto. Es, por lo tanto, la máquina, un personaje en sí mismo que se ha convertido en todo un icono adorado por los encargados de volver a diseñarla o incluso reutilizarla. Podemos encontrar diseños actualizados de la misma en La máquina del tiempo (The time machine, 2002) de Simon Wells, Los pasajeros del tiempo (Time after time, 1979) de Nicholas Meyer o la japonesa Summer Time Machine Blues (Samâ taimumashin burûsu, 2002) de Katsuyuki Motohiro. El concepto de esta máquina es el germen del futuro Delorean de la trilogía Regreso al futuro (Back to the future, 1985, 1989 y 1990) de Robert Zemeckis, o de la famosa cabina de policía británica Tardis, de la serie Doctor Who (1963 hasta la actualidad).

Pese a los avisos sociales que H.G. Wells pretendía inculcar, la obra también nos habla sobre lo magnético que la aventura y lo desconocido ha causado siempre en el ser humano. La curiosidad ha sido un factor crucial para nuestro desarrollo como especie. Esos altos propósitos de la novela nos son aquí aderezados con grandes dosis de aventura y de romance. El anhelo por alcanzar la montaña más alta y la fosa más profunda no impide a la humanidad buscar los límites de lo conocido. El espacio exterior o la fractura del tiempo son los retos. Como dice la cita inicial, todos tenemos recuerdos y sueños para viajar en el tiempo. En todo caso, la literatura también nos ayuda y H.G. Wells puso su granito de arena estimulando nuestra imaginación.

Dentro de un ciclo cinematográfico dedicado a los viajes temporales, El tiempo en sus manos se nos antoja imprescindible en la Filmoteca Sant Joan d´Alacant, siendo la precursora de un género que llega hasta nuestros días y que todavía suscita un gran interés.



JMT



Vídeo introductorio a El tiempo en sus manos
por JMT.





jueves, 24 de noviembre de 2016

Presentación del ciclo "Viajes en el tiempo". Noviembre/Diciembre 2016.



«Las películas de ciencia ficción muestran una vasta máquina hambrienta de energía que crea un túnel a través del tiempo. Un viajero del tiempo, un valiente, preparado para quién sabe qué, puede penetrar en el túnel y emerger quién sabe dónde. La realidad puede ser muy diferente a esto, pero la idea en sí no es tan loca.»

Stephen Hawking.


Continúa la VII temporada de la Filmoteca de Sant Joan d’Alacant con un tercer ciclo dedicado a uno de los mayores anhelos del ser humano: viajar en el tiempo.

Evidentemente, estamos ante un ciclo de películas de género fantástico. ¿O no? Porque, como afirmó Stephen Hawking, la idea que planteaban algunas películas de este género respecto a los viajes en el tiempo puede que no fuera tan descabellada. Desde que la teoría de la relatividad especial de Einstein suplantara a las leyes de Newton en 1905, todo parece indicar que es científicamente posible. De hecho, el hombre ya ha viajado en el tiempo. El cosmonauta ruso Guennadi Pádalka tiene el honor de ostentar el récord de tiempo avanzado hacia el futuro por un ser humano: 1/44 segundos. Pádalka, el cosmonauta que más tiempo ha permanecido en el espacio hasta la fecha con 879 días en órbita, viajaba a una velocidad media de unos 27.000 kilómetros por hora durante su estancia en la estación espacial. Acorde a la teoría de la relatividad, cuanto más rápido se mueve un objeto más lento pasa el tiempo para él, por lo que Pádalka es 1/44 segundo más joven por viajar a esa velocidad durante todos esos días. Por otra parte, las leyes físicas no prohíben el viaje al pasado, aunque sí lo limita a probabilidades muy remotas, a ciertas 'singularidades', como podrían ser los 'agujeros de gusano', capaces de moldear el espacio-tiempo.

Queda claro que la realidad puede ser muy diferente a lo que muestran las películas sobre viajes en el tiempo, y que en el caso de conseguirlo aún nos falta mucho camino por recorrer. Sin embargo, el cine, al igual que la literatura, desde sus orígenes, no ha dejado de aumentar su particular imaginario sobre el tema, dando rienda a una mezcla de ensueño, imaginación, filosofía y lógica, planteando hipótesis y paradojas tanto por la posibilidad de viajar en el tiempo como por las causas que podría originar.

Desde el día 28 de noviembre hasta el día 19 de diciembre, la Filmoteca de Sant Joan d'Alacant proyectará cuatro películas de este particular subgénero fantástico que, como siempre, tratamos de proponer a modo de muestreo significativo, para este nuevo ciclo titulado “VIAJES EN EL TIEMPO”. Un ciclo que analizará varios puntos de vista a la hora de tratar el tema, para mostrar la versatilidad creativa que puede ofrecer el mismo, a través del humor, del thriller, de la aventura y de la lógica.

Comenzaremos el próximo 28 de noviembre con la proyección de El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960), dirigida por George Pal. Basada en la célebre novela de H.G. Wells, La máquina del tiempo, publicada en 1895, El tiempo en sus manos es unos de los grandes clásicos del género. George Pal adaptó este clásico de aventuras con ciertas licencias al original de Wells, llevando a la máquina del tiempo a acontecimientos tan recientes en la fecha de su estreno como la Segunda Guerra Mundial o a un próximo holocausto atómico como advertencia del peligro de las armas nucleares. Rod Taylor, en el papel del propio H.G. Wells, protagoniza esta película fundamental en la historia del género.

Continuaremos el 5 de diciembre con la proyección de Los cronocrímenes (2007), dirigida por Nacho Vigalondo. Los cronocrímenes, debut en el largometraje de Nacho Vigalondo, es uno de los ejemplos de la importancia de contar con un guion sólido si se quiere entrar en el género de los viajes en el tiempo con solvencia, y sin necesitar un presupuesto elevado. Vigalondo se basó en el 'Principio de autoconsistencia de Novikov' para plasmar el bucle temporal de todo el relato, en una película que se sirve del género del thriller para viajar en el tiempo.

El 12 de diciembre se proyectará Primer (2004), dirigida por Shane Carruth. Primer es el ejemplo perfecto de cómo hacer una gran película con muy poco presupuesto y sin apenas experiencia cinematográfica. Shane Carruth, quien no solo dirige la película, sino que, además, la produce, escribe, protagoniza, compone la banda sonora y edita —es decir, lo hace todo—, se sirvió de tan solo 7.000 dólares para realizarla. Primer es la obra de un matemático y ex ingeniero sin experiencia cinematográfica, que se sirve de sus grandes conocimientos sobre la lógica para explorar las paradojas e hipótesis naturales de los relatos sobre viajes en el tiempo, a la vez que muestra con su ópera prima un talento innato para la cinematografía.

Por último, el 19 de diciembre se proyectará Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), dirigida por Harold Ramis. Sin duda alguna, Atrapado en el tiempo es uno de los grandes clásicos de la comedia americana de los 90. Gran parte de ello es gracias a la genial interpretación de Bill Murray como el meteorólogo Phil Connors que queda atrapado sin razón aparente en el mismo día: el día de la marmota. El humor al servicio de la fantasía y de los viajes en el tiempo.

Todas las proyecciones serán a las 20:00 en el Auditorio de la Casa de Cultura de Sant Joan d’Alacant, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Os esperamos.

La Filmoteca.


TRÁILER PROMOCIONAL 
"VIAJES EN EL TIEMPO"




AGENDA DE OTOÑO 2016. 
OCTUBRE-DICIEMBRE.