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PRÓXIMO CICLO: "HISTORIA DE LA URSS"

lunes, 3 de octubre de 2016

La noche del cazador de Charles Laughton


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Sueña, pequeño, sueña.
Sueña, mi pequeño, sueña.
¡Oh! El cazador de la noche llena tu corazón de miedo.
El temor es sólo un sueño, así que sueña, pequeño, sueña...»

Nana que da comienzo a La noche del cazador.


El grandísimo actor inglés Charles Laugthon, de formación teatral y constatado éxito en el cine desde la década de 1930, decidió en 1955 y a los 55 años, estrenarse como debutante en la dirección con La noche del cazador (The night of the Hunter). Debido a su orondo físico nunca disfrutó de los papeles masculinos más populares de su generación, pero su amplia capacidad de inmersión en los personajes le dotó de un estatus de actor reputado con películas como La vida privada de Enrique VIII (The Private Life of Henry VIII, 1933) de Alexander Korda, por la que ganó un Oscar a mejor interpretación, La tragedia de la Bounty (Mutiny on the Bounty, 1935) de Frank Lloyd, Rembrandt (1936) de Alexander Korda de nuevo, su asombrosa interpretación de Quasimodo en Esmeralda, la zíngara (The Hunchback of Notre Dame, 1939) de William Dieterle, Esta tierra es mía (This Land is Mine, 1943) de Jean Renoir o El déspota (Hobson's Choice, 1953) de David Lean, entre otras. Tras su paso por la dirección, concluyó su carrera interpretando inolvidables personajes secundarios para Billy Wilder en Testigo de Cargo (Witness for the Prosecution, 1957), para Stanley Kubrick en Espartaco (Spartacus, 1960) o para Otto Preminger en Tempestad sobre Washington (Advise & Consent, 1962). Su compatriota Alfred Hitchcock, con el que trabajó hasta en dos ocasiones, recitó la famosa frase “Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton”, aunque la mayoría de directores para los que trabajó, así como sus compañeros de reparto, lo respetaron como un gran profesional. Su método de introspección en la actuación era muy costoso y se hablaba de él como de una persona llena de complejos e inseguridades.

La noche del cazador es una adaptación literaria de la novela homónima escrita por Davis Grubb. Un libro que se convirtió en best seller dos años antes del estreno de la película. La historia se inspiraba vagamente en unos hechos reales que Grubb conoció de pequeño en su natal Virginia Occidental, en los que un asesino en serie apodado Harry Powers contactaba con viudas a través de la sección de contactos de las revistas para luego matarlas y quitarles el dinero. Curiosamente, en la novela, el personaje de la tendera Icey dice “Es un caso lo bastante triste como para tentar al cine”. ¡Menuda premonición! La obra está ambientada en los mismos lugares y en la misma época en la que el escritor vivió, la década de 1930, tras los difíciles años de la Gran Depresión, encontrándose multitud de referencias autobiográficas. La fidelidad con que la película adapta a la novela es debida a la implicación del propio escritor con el guionista del film James Agee, guionista de La reina de África (The African Queen, 1951), por cuyo guion fue nominado al Oscar, y ganador del Premio Pulitzer en 1958 por su novela Una muerte en la familia. Ya en la novela se describen perfectamente muchas de las situaciones y frases de sus personajes, consiguiendo Agee, junto a las aportaciones de Grubb y el propio Laugthon, una adaptación fidelísima de la obra.

La noche del cazador no tiene un género en concreto. Podríamos incluirla fácilmente dentro de los géneros del cine fantástico y de terror, del cine negro, del western e incluso del cine de aventuras y drama rural inspirado en la obra de Mark Twain, localizada principalmente en el Rio Mississipi, del cual es afluente el río Ohio (río de la novela y la película).


Cartelería internacional de La noche del cazador.


La historia comienza con Ben Harper, un padre de familia que harto de tanta miseria asalta un banco matando a dos personas. Al llegar a casa hace prometer a sus hijos que jamás desvelarán el paradero del botín de 10.000 dólares (unos 145.000 euros aproximadamente en octubre de 2016). Encarcelado, comparte celda con Harry Powell, conocido como el Predicador, el cual intentará sonsacarle el escondrijo del dinero sin conseguirlo; pero en cuanto Harper muere en la horca, el Predicador saldrá en libertad con rumbo a la casa de la viuda para hacerse con el tesoro que custodian los niños. Con tintes de realidad (crímenes, violencia de género, maltrato infantil...) se utiliza un lenguaje propio de las narraciones fantásticas o de los cuentos de hadas. Con ellas comparte tanto personajes como las estructuras clásicas habidas en la literatura bíblica y mitológica de diferentes lugares que se remontan al principio de los tiempos. En el relato que nos ocupa observamos el esquema clásico que comienza genéricamente con el abandono o muerte de uno o varios de los progenitores, siguiendo con la aparición de un ser malvado que atacará al protagonista para finalizar con la adopción del protagonista por parte de un sustituto de los progenitores. Un esquema que se amolda con ciertas variaciones al clásico también de los viajes iniciáticos o del nacimiento del héroe mitológico, en los que hay una marcha del hogar, se realiza un viaje repleto de peligros con los que el protagonista se enfrenta a una serie de pruebas que lo harán madurar, para finalmente regresar victorioso. La noche del cazador es además un cuento moral y dispone, cómo no, de su moraleja. Extraídos directamente de la Biblia (otro relato plagado de los mismos esquemas clásicos diseñados para aprender), al principio se recitan los versículos de Mateo 7: 15-20:

«15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.»

En estos versículos se nos advierte sobre las personas que se nos acercan con lisonjas buscando un beneficio propio en detrimento del nuestro, aconsejándonos que nos fiemos de la gente por sus actos y no por sus palabras. Misma moraleja que la del cuento El cuervo y la zorra atribuido al famoso fabulista griego Esopo. Y es que tanto la religión como los relatos infantiles son primordiales para el análisis de esta película. El Predicador profesa el cristianismo evangélico caracterizado por el rechazo de los sacramentos y las jerarquías sacerdotales tradicionales, así como de la interpretación literal de la Biblia. Por tanto, nuestro Harry Powell, sintiéndose inspirado por Dios, tiene derecho a predicar.

Durante todos estos relatos, bíblicos o infantiles, se muestran temas universales como la lucha entre el bien y el mal, el amor y el odio, o la pureza de la niñez (“Bienaventurados los puros de corazón porque Ellos verán a Dios...”) y la adultez desprovista de ella. Si nos fijamos bien, podremos encontrarnos en La noche del cazador con el Lobo Feroz, el hombre del saco, el ogro, la figura negativa de la madrastra/padrastro y la benévola del Hada Madrina. Dentro del relato también se observa la simbología tan refinada de los relatos ancestrales: el agua como símbolo de la vida, los viajes fluviales como representación del renacimiento... Más simple es, si cabe, la muestra de los diferentes animales que aparecen en el río, dándole a la persecución un cariz más naturalista entre el cazador y sus presas, dotando al cazador de unas propiedades más viscerales que racionales. También podemos encontrar alguna otra referencia simbólica de corte más 'freudiano'; por ejemplo, la navaja como símbolo fálico ante la posible impotencia de Powell.

Para acometer el rodaje de la película, Charles Laugthon se rodeó de un equipo excepcional. Robert Mitchum encabezaba un reparto pequeño, pero estelar. Mitchum interpretaría al personaje más icónico de su carrera, junto al de Max Cady en El cabo del terror (Cape Fear, 1962) de J. Lee Thompsom. Con Harry Powell, Mitchum entraría en la galería de los mejores villanos de la historia del cine. Vestido de predicador, con su levita negra y con las palabras LOVE (AMOR) y HATE (ODIO) tatuadas en los nudillos, Mitchum, con su interpretación histriónica y caricaturesca, dio vida a un individuo de personalidad magnética, un galán zalamero que se sirve de la adulación y de la mentira crónica para atrapar a sus víctimas. Psiquiátricamente se le podría diagnosticar con los criterios exigidos dentro del trastorno antisocial de la personalidad, es decir, un sociópata de manual1. Para el papel de la anciana protectora Rachel Cooper, Laughton convenció a la mítica actriz del cine mudo Lillian Gish, parcialmente retirada, para que volviera a hacer a los espectadores levantar la cabeza ante semejante señora. Recordemos que Lilliam Gish fue la protagonista de El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915) del impulsor del lenguaje cinematográfico D.W. Griffith. A este reparto habría que añadir la ganadora en dos ocasiones del Oscar a mejor actriz de reparto, Shelley Winters, y a los dos niños Billy Chapin y Sally Ann Bruce en los papeles de John Harper y Pearl Harper, respectivamente.


Charles Laughton en el set de rodaje de La noche del cazador, junto a Stanley Cortez y Robert Mitchum.


Sin embargo, el mejor de sus aliados en La noche del cazador fue, sin lugar a dudas, el director de fotografía Stanley Cortez. Con él coincidió en El hombre de la Torre Eiffel (The Man on the Eiffel Tower, 1949) dirigida por el actor Burguess Meredith. Es innegable que Charles Laughton en labores interpretativas y de dirección era un auténtico genio; no obstante, carecía de los conocimientos técnicos para operar una cámara. En este apartado, tomó unas lecciones del director de fotografía y, según el propio Cortez, le cedió el mando en el aspecto visual del film. Su currículum venía avalado por la fotografía de Desde que te fuiste (Since You Went Away, 1944) de John Cromwell, por la cual sería nominado al Oscar, y El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942), segunda de las películas dirigidas por Orson Welles. Más tarde sería recordado por retratar Las tres caras de Eva (The Three Faces of Eve, 1957) de Nunnally Johnson o por su magistral y claustrofóbica utilización de la luz en Corredor sin retorno (Shock Corridor, 1963) de Samuel Fuller. Todos ellos son trabajos caracterizados por el dominio del espacio en estudio y por el uso del blanco y negro de forma magistral. Orson Welles dijo sobre Cortez que era “increíblemente meticuloso” y que eso le hacía muy lento para su gusto. Estas declaraciones se podrían confirmar con las palabras que el propio Cortez dijo en ciertas entrevistas, afirmando que una vez preparado el set de rodaje con una composición de iluminación ya preparada para rodar, él era capaz de cambiarlo todo sólo al escuchar la primera interpretación del actor en el plató. En dicha entrevista también se vanagloriaba de tener cierto 'don' musical para la iluminación. En el caso de La noche del cazador se inspiró en el Vals Triste de Jean Sibelius para la escena en la que Harry Powell mata a Willa Parker.

Stanley Cortez consiguió en La noche del cazador un trabajo fotográfico repleto de iconos visuales. Siguiendo los preceptos del expresionismo alemán y dejándose inspirar por los trabajos de Robert Wiene, Fritz Lang, G.W. Pabst y Friedrich Wilhelm Murnau. Esta consigna expresionista pareció ser la tomada por Charles Laughton, ya que toda la película en sí mantiene el barniz de distorsión, desde las actuaciones gesticulantes de los actores hasta la arquitectura simplista y geométrica de su puesta en escena y que tanto hace recordar a los dibujos infantiles. En este caso, la elección del blanco y negro no es nada casual. La contraposición de un tono con el otro se refleja perfectamente en los personajes. Para representar al Predicador se utiliza el negro, tanto en su vestimenta como por la utilización que hace Cortez de la luz dura, ya sea convirtiéndole en una silueta negra, gracias al uso de los fondos iluminados y de contraluces, o estampando su imagen en definidas sombras negras contra la pared. Tan negra es su alma como oscura se tiene que ver en pantalla. En la fantástica secuencia de montaje paralelo de la llegada de Powell al pueblo, a éste se le identifica con un oscuro tren, acompañado de la inquietante música de Walter Schumann. El método de trabajo de Cortez para esta película fue la utilización de una iluminación dramática, con luces duras favoreciendo los claroscuros, con zonas muy contrastadas entre lo iluminado y lo que no, creando una sensación de drama y suspense. El uso de banderas de recorte y conos en los focos le sirvieron para recortar la luz y dibujar con ella, filmando con gran cantidad de luz mientras se lograba el efecto de una imagen eminentemente oscura. El rodaje, en su mayoría, se hizo en estudio y con una simulada luz lunar, al igual que las fabulosas escena fluviales rodadas en plató con la ayuda de dobles exposiciones, lo que permitía rodar elementos por separado en estudio e integrarlas más tarde en una única imagen. Para la salvadora Rachel Cooper se elige el blanco, la luz en lugar de las sombras. Color asociado a la esperanza y la pureza.


La extraordinaria dirección de fotografía de Stanley Cortez en el set de La noche del cazador y sus resultados.


Por otra parte, como operador de cámara, Stanley Cortez logró una utilización casi enciclopédica de movimientos y posiciones de cámara. Se pueden disfrutar desde planos aéreos tomados por un helicóptero hasta planos subacuáticos rodados en un tanque de agua, además de planos cenitales o expresivos picados y contrapicados que engrandaban, todavía más, la sensación de peligro de Harry Powell y que, a su vez, empequeñecían a los niños y los hacía parecer aún más débiles.

Charles Laughton dedicó grandes esfuerzos e ilusiones en este proyecto. Sin embargo, fue un gran fracaso de taquilla, recaudando tan sólo un tercio de lo que costó. En 1955 el público estaba más interesado en los melodramas, al igual que la crítica o la Academia americana que concedía los Oscar. En la edición de los Oscar de 1956, la triunfadora fue Marty (1955) de Delbert Mann, un drama romántico que además ganó la Palma de Oro en Cannes, a la acompañaron en el resto de candidaturas: Picnic (1955) de Joshua Logan, La rosa tatuada (The rose tatoo, 1955), La colina del adiós (Love is a Many Splendored Thing, 1955) de Henry King y Escala en Hawai (Mister Roberts, 1955) dirigida al unísono por John Ford y Melvyn Leroy. Pese a ser buenas películas, ninguna de ellas ha logrado el estatus de película de culto que tiene hoy en día La noche del cazador. El éxito de alguna de ellas ha parecido diluirse con el tiempo, mientras que la obra de Charles Laughton y Stanley Cortez ha ganado en cinefilia siendo reconocida por la revista francesa Cahiers du Cinema como la segunda mejor película de la historia dentro de un listado de 100 que buscaba formar una filmoteca ideal. Ni Laughton, ni Cortez, ni ningún miembro del equipo o del reparto fue nominado por su trabajo en esta película. Aquel año parecieron obviar el talento de ambos. En España, la película ni siquiera se llegó a estrenar. Laughton quedó destrozado y abandonó definitivamente cualquier otra aventura en la dirección, dedicándose de nuevo a la interpretación.

Desde la Filmoteca de Sant Joan d´Alacant nos enorgullece inaugurar la séptima temporada con este tesoro único que reivindica tanto la figura de un gran actor y director, Charles Laughton, como la del fenomenal director de fotografía Stanley Cortez.



JMT



1 Síntomas del trastorno antisocial de la personalidad:

— Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención (por ejemplo, destrucción de una propiedad, robar, etc.).

— Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.

— Impulsividad en sus decisiones o incapacidad para planificar el futuro.

— Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones (incluidos malos tratos al cónyuge o a los niños).

— Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.

— Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o hacerse cargo de obligaciones económicas (periodos significativos sin empleo aun teniendo oportunidades de trabajar, abandono de un trabajo sin motivo alguno, despido por falta de rendimiento, etc.).

— Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado maltratado o robado a otros.



Vídeo introductorio a La noche del cazador
por JMT.




Entrevista a JMT sobre La noche del cazador
en Radio Nacional Uruguay.





Letra de la canción que cantan Harry Powell y Rachel Cooper


Leaning on the Everlasting Arms

What a fellowship, what a joy divine,
Leaning on the everlasting arms;
What a blessedness, what a peace is mine,
Leaning on the everlasting arms.

Refrain:
Leaning, leaning, safe and secure from all alarms;
Leaning, leaning, leaning on the everlasting arms.

Oh, how sweet to walk in this pilgrim way,
Leaning on the everlasting arms;
Oh, how bright the path grows from day to day,
Leaning on the everlasting arms.

What have I to dread, what have I to fear,
Leaning on the everlasting arms?
I have blessed peace with my Lord so near,
Leaning on the everlasting arms.




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