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PRÓXIMO CICLO: "HISTORIA DE LA URSS"

lunes, 27 de marzo de 2017

Nader y Simin, una separación de Asghar Farhadi


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«La tragedia clásica era la guerra entre el bien y el mal. Queríamos que el mal fuese derrotado y el bien saliese victorioso. Pero la batalla en la tragedia moderna es entre lo bueno y lo bueno. Y no importa qué lado gane, todavía estaremos con el corazón roto.»

«Si da una respuesta a su espectador, su película simplemente terminará en el cine. Pero cuando planteas preguntas, tu película realmente comienza después de que la gente la vea. De hecho, su película continuará dentro del espectador.»

Asghar Farhadi.


Asghar Farhadi pasó a la historia por ser el primer cineasta iraní en conseguir el Oscar con Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011). Lo excepcional de la situación volvió a repetirse recientemente con la consecución nuevamente de la estatuilla dorada en febrero de 2017 con su última película El viajante (Forushande, 2016), sobre la cual cayó involuntariamente el peso de la polémica política suscitada por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien pretendía impedir la entrada al país de ciudadanos de siete países musulmanes, entre ellos Irán. Pese al levantamiento por parte de la justicia del antojo presidencial, Asghar Farhadi decidió no presentarse a la entrega de premios como modo de protesta y agradeció el galardón desde el extranjero con un discurso a favor del respeto, la integración y los derechos humanos.

De formación teatral, entre las mayores influencias de Farhadi se encuentran autores como el realista y naturalista ruso Anton Chejov (La gaviota, Tío Vania, etc.), el padre del drama realista moderno Henrick Ibsen, el Premio Nobel de Literatura Harold Pinter y el más mediático de todos ellos, el que tuvo una relación más próxima con el séptimo arte: Tennessee Williams. Muchas de sus obras teatrales gozaron de grandes adaptaciones en la pantalla grande; obras como Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc, Dulce pájaro de juventud, La noche de la iguana o De repente el último verano. De todos ellos Asghar Farhadi cogió referencias que se distinguen fácilmente en su obra, en especial la firme construcción psicológica de los personajes, los dilemas dramáticos surgidos entre el individuo y la sociedad, y el reflejo realista de sus historias.


Cartelería internacional de Nader y Simin, una separación.


El nombre de Asghar Farhadi comenzó a sonar con fuerza en el circuito de festivales internacionales con su tercera película, Fireworks Wednesday (Chaharshanbe-soori, 2006), con la que consiguió definitivamente el tono autoral que lo llevó hasta el reconocimiento internacional. Sus dos primeras obras, aunque bastante desconocidas, son embrionarias de lo que vendría posteriormente. En Dancing in the dust (Raghs dar ghobar, 2003), su primera película, se nos contaba la historia de un joven que quiere divorciarse de su mujer por presiones familiares relacionadas con el honor, al descubrir que su suegra ejerció la prostitución antes de que ellos se casaran. Pese a que al amor entre la joven pareja se mantiene firme, la presión social les obliga a separarse. Ya desde el principio de su filmografía se utiliza la figura legal del divorcio como agente detonante de la trama. Como veremos más adelante, esta utilización será uno de los sellos característicos imprescindibles durante toda su obra. Su siguiente película Beautiful City (Shah-re ziba, 2004) se trataba de un relato sobre la pena de muerte y el perdón, en la que nuevamente aparecían los temas relacionados con el honor y los pasillos aglutinados de gente en los juzgados en los que se ha de impartir la ley islámica, la sharía. Sorprendía, a ojos occidentales, la legislación que regula el “dinero de sangre”, indemnización en casos de muerte que dictamina que la sangre de una mujer musulmana es la mitad que la de un hombre musulmán. En el caso de esta película en concreto el escándalo es aún mayor, ya que debe ser el padre de una niña asesinada el que ha de pagar la ejecución del asesino y la indemnización a la familia de éste, al tratarse de equiparar el valor de sangre del hombre ejecutado con el valor inferior de una mujer asesinada. Sin embargo, el perdón del asesino, que en el momento de los hechos era menor, es el tema central y el dilema que impulsa la obra, ya que de no ser perdonado por el padre de la víctima será ejecutado. En Nader y Simin, una separación se volverá a tocar el asunto del dinero de sangre, pero de forma mucho más secundaria. Como apuntamos, Fireworks Wednesday, una historia sobre celos e infidelidades, apuntaló el estilo y la temática de su obra venidera; en ella podemos comprobar cómo los protagonistas estarán conformados por la clase media-alta iraní y por la clase menos afortunada, la servidumbre. El contraste entre ambos estratos sociales, la calidad actoral y la fórmula de guión impulsado a través del suspense ya se encuentran presentes. A propósito de Elly (Darbareye Elly, 2009) no hizo más que afianzar estos baluartes y abrir al mundo el trabajo de su director. En el Festival de Berlín de ese año, Asghar Farhadi consiguió el galardón de mejor director. Mediante una intriga ocasionada por la desaparición de la mujer protagonista del título, Elly, se vuelve sobre los mismos supuestos, pero esta vez con un pulso dramático y de misterio magistrales. Todas estas obras, anteriores a Nader y Simin, una separación, aglutinan los perfiles comunes de lo que será su obra maestra.

Los guiones, siempre del propio Farhadi, basan su esencia en el conflicto. Los personajes colisionan una y otra vez a lo largo de su obra por discrepancias relativas al honor o la religión. Los equívocos, accidentes y mentiras hacen que las tramas se enreden en personajes enfrentados unos contra otros. Para ello, el director utiliza a menudo la figura intermediaria del juez, que además del sesgo legal sirve de canalización religiosa del actual estado islámico iraní, en el que la religión ha invadido por completo la vida privada de los ciudadanos. Las contradicciones surgidas entre el gobierno y los habitantes cosmopolitas de las grandes urbes reflejan la obsolescencia de las tradiciones y los dilemas diarios a los que se tienen que enfrentar. Las películas de Farhadi muestran perfectamente el enfrentamiento latente entre el conservadurismo de la tradición religiosa asimilada por las clases más pobres y la tolerancia conseguida en los estratos sociales más acomodados debido a la modernidad y la educación.

Otro rasgo fundamental en la obra de Farhadi es la empatía. Si el conflicto es inevitable, el planteamiento que se nos presenta como espectadores siempre es ambiguo. La empatía es fundamental en esos conflictos, ya que éstos están diseñados sobre dilemas sociales y morales de la vida cotidiana. Las motivaciones y reacciones de los protagonistas son fácilmente comprensibles por el público, que de manera natural se pone en la piel de todos y cada uno de los personajes, a pesar de que, en su mayoría, estos sean antagónicos y tengan intereses enfrentados. De ahí la cita inicial sobre la tragedia moderna, surgiendo ésta entre “lo bueno y lo bueno”. Las respuestas no son explícitas y la solución no resulta masticada. Debe ser el espectador el que tome sus propias conclusiones, el que se ponga muchas veces en la piel del juez o el que al finalizar la película aventure cual será el futuro que les depare a los personajes. Gran parte de ellos lo configuran miembros de una familia o vecinos de grandes bloques de pisos, de modo que se acercan en sus vivencias a lo cotidiano que cualquier espectador pudiera conocer.


Las dos parejas representan a dos clases sociales opuestas. Nader (Peyman Moaadi) y Simin (Leila Hatami) pertenecen a clase medio-alta acomodada, mientras que Razieh (Sareh Bayat) y Hojjat (Shahab Hosseini) pertenecen a la clase medio-baja. La calidad actoral de las películas de Asghar Farhadi es un constante y con Nader y Simin, una separación el reparto consiguió muchos premios y reconocimiento.


A pesar de que Asghar Farhadi ha sabido sortear con soltura los problemas con la censura iraní, tuvo un altercado justo antes del iniciar el rodaje de Nader y Simin, una separación que hizo peligrar el rodaje al hacer unas declaraciones en favor del preso político Jafar Panahi, director de El globo blanco (Badkonak-e Sefid, 1995) y del autoexiliado Mohsen Makhmalbaf autor de El ciclista (Bicycleran, 1987), Gabbeh (1995) o Kandahar (2001). Hasta que no quedaron aclaradas satisfactoriamente estas declaraciones ante el Ministerio de Cultura y Orientación Islámica la película permaneció en el dique seco, de modo que Farhadi tuvo que matizar sus opiniones para que pudiera comenzar el rodaje.

La sinopsis de Nader y Simin, una separación nos cuenta la historia de un matrimonio que se quiere divorciar, pero no porque ya no se amen sino porque en el pasado decidieron emigrar del país para que su hija tuviera un futuro mejor. El problema es que el padre de Nader (Él) padece de Alzheimer y no quiere dejarlo sólo. Simin (Ella) desea que la familia se marche unida de Irán, pero ante la negativa de su marido tampoco cesa en su intención de salir del país con su hija. Al separarse, Nader debe contratar a una mujer para que cuide de su padre, ya que éste es completamente dependiente. Más allá de la separación que da nombre a la película, el título nos habla también de la fractura social existente entre las clases más populosas de Irán. Por una parte se encuentra una clase media-alta acomodada, cultivada, con inquietudes y profesiones especializadas; una clase social a la que pertenece el propio director y a la cual conoce tan bien. Esta clase social es consciente de que fuera de su tierra natal podrán escapar de la opresión de una sociedad viciada por la religión. Además, pueden costearse el comenzar una nueva vida fuera de Irán. Subyace por lo tanto un malestar mudo que se intuye generalizado. En el otro lado de la sociedad iraní se sitúa la clase humilde, la más esclava de la tradición y de la religión. En la película son representados por Razieh y su esposo Hojjat —interpretado por el actor fetiche del Farhadi, Shahab Hosseini, participante en A propósito de Elly y protagonista de El viajante— que componen un matrimonio formado por una mujer que ha de sustentar su casa trabajando ante la depresión que sufre su marido, asediado por las deudas. Otra separación observable no solamente en este filme sino básicamente en toda la filmografía iraní, unas veces con propósito crítico y otras simplemente como muestreo documental, es la supeditación de la mujer con respecto al hombre. Las protagonistas de Asghar Farhadi son fuertes por sí mismas y adolecen de las mismas virtudes y defectos que sus compañeros varones. Sin embargo, las mujeres siempre se encuentran en un escalafón por debajo en la toma de decisiones y en el cine de Farhadi se pueden apreciar fácilmente las limitaciones a las que ha de hacer frente la mujer iraní. La represión totalitaria y el retroceso en cuanto a derechos se ha cebado principalmente con las mujeres iraníes, las cuales, fuera de los ámbitos rurales ya habían conseguido una igualdad de derechos similar a los occidentales. Otros directores como Jafar Panahi no se han cansado de denunciar esta lacra y directores como Mohammad Rasoulof y su película Goodbye (Be Omid e Didar, 2011) o la autoexiliada directora Marjane Satrapi, autora del cómic y película Persépolis (2007) han profundizado en esta subyugación y en la necesidad de la mujer iraní por escapar de la represión totalitaria que les priva de sus derechos. El clímax de sus anteriores películas se sirve a menudo de explosiones de violencia en contra de la mujer. Por no hablar de las obligaciones de recato en cuanto a su vestimenta. En Nader y Simin, una separación se pueden diferenciar claramente ambos estratos sociales y es el enfrentamiento entre ellos, entre dos familias de diferente clase, por el que se planteará el dilema de la película.

Por el modo en el que el director enfrenta la puesta en escena del guion, fácilmente nos podemos imaginar una obra teatral basada en la misma premisa, que se sustenta en los preceptos clásicos del cine de suspense. Al respecto, Farhadi formuló:

«Pienso que Nader y Simin, una separación es como una película de detectives, sólo que el detective no está dentro de la película. La audiencia, es el detective, por eso es muy importante dosificar la información que doy en cada escena.»

Los pequeños detalles, las versiones contradictorias y el ejercicio mental que debemos hacer para rememorar y reconstruir las situaciones cambiantes sitúan al espectador como observador activo. El misterio y la tensión convierten a este filme en un verdadero drama psicológico. El mérito recae sobre la historia, sin que el localismo tenga mayor trascendencia. En alguna ocasión, el director ha reconocido su admiración por Alfred Hitchcock, y ciertamente se nota su influencia. Otros referentes para él son el japonés Akira Kurosawa y su cinta Rashomon (1950) con la que coincide en la dosificación de la información desde diferentes puntos de vista a través de varios personajes haciendo muy difícil el acercamiento a la verdad; y el director sueco Ingmar Berman, en especial su película Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1973), la cual también ha resultado ser una referencia confesa del director.

El estilo técnico empleado abunda en el uso de la cámara en mano, técnica utilizada para crear realismo haciendo de los movimientos de cámara una experiencia más natural a los ojos del espectador y dotando al metraje de un tono semidocumental que pretende otorgar realismo a la imagen. Así mismo también se utiliza en la película para crear tensión. La película comienza con un plano subjetivo, cámara en mano, que sitúa al espectador bajo el punto de vista de un juez. Por lo tanto, desde el principio, ya somos partícipes de esta trama sin apenas darnos cuenta. El espectador será el juez desde este punto en adelante. Sin embargo, el mayor mérito del director es convertir la cámara en invisible, adentrarnos entre los personajes sin percatarnos de ello. Un estilo que no busca acentuar ni juzgar a ninguno de los personajes, dejando al espectador con sus intrigas y conclusiones. La posible crítica social y los dilemas morales suscitados se nos presentan seca y llanamente. En el ánimo del director no está el de moralizar, ni siquiera el de hacer un retrato personal de la sociedad de su país, simplemente se contenta con involucrarnos en la historia. Para ello resulta fundamental la gran calidad interpretativa de los actores. Sobre uno de ellos recae toda la responsabilidad final del filme, la hija de Nader y Simin. La niña que no quiere que sus padres se separen, interpretada por Sarina Farhadi (hija del director) ha de soportar sobre sus hombros toda la intriga del espectador.


El Oscar a la mejor película de habla no inglesa fue el colofón final a una serie de premios internacionales como el Oso de Oro en el Festival de Berlín, el Globo de Oro, Mejor película extranjera en los National Board of Review, Premios Cesar, Critics Choice, Círculo de críticos de Nueva York Awards, Premios Independent Spirit y muchísimos más premios y nominaciones, sobre todo en categorías como mejor guion y mejores interpretaciones tanto masculinas como femeninas.


Cuando la película consiguió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa significó mucho para el pueblo iraní, mucho más que un galardón cinematográfico a uno de sus máximos representantes. En 2012, Irán se veía sumergido entre amenazas de guerra y sanciones por parte de la comunidad internacional. En el momento de recoger el premio, Asghar Farhadi pronunció el siguiente discurso:

«En este momento, muchos iraníes alrededor del mundo nos están viendo y los imagino muy felices. Mientras se habla de guerra, intimidación y agresión entre políticos, el nombre de mi país, Irán, se menciona aquí por su gloriosa cultura, una antigua y rica cultura que se ha mantenido oculta bajo el pesado polvo de la política. Orgullosamente ofrezco este premio a toda la gente de mi país, a la gente que respeta a todas las culturas y civilizaciones y a los que desprecian la hostilidad y el resentimiento.»

Estas palabras dieron la opinión de alguien alejado del gobierno de su país y el orgullo nacional se reivindicó dándole voz al pueblo persa sin el talante beligerante de sus mandatarios. La convulsión que sufrió el país por el logro de este galardón se inmortalizó en el documental From Iran: A separation (Az Iran, yek jodaee, 2013).

El contenido de las películas de un cineasta como Asghar Farhadi pide a gritos la realización de películas fuera de la férrea censura islámica. Su siguiente filme, El pasado (Le passé, 2013) fue rodado en Francia, pero no se atrevió a seguir por un camino más crítico. Firmó una cinta prácticamente heredera de Nader y Simin, una separación; podríamos decir que se trata casi de una continuación de ésta si no fuera porque los personajes son distintos, aunque los roles de éstos podrían ser adoptados por los de la película precedente.

El divorcio, una figura legal muy asimilada en occidente y en el cine durante todo el siglo XX, ha tenido destacadas películas que lo reflejaran. En la comedia destacan La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard's Eighth Wife, 1938) de Ernst Lubitsch y Divorcio a la italiana (Divorzio all'italiana, 1961) de Pietro Germi. La cima de reconocimiento lo ostenta Kramer contra Kramer (1979) de Robert Benton que consiguió el Oscar a mejor película. Sin embargo, el divorcio está siendo utilizado como metáfora de la opresión femenina en los últimos años. Películas como la yemení 10 años y divorciada (Ana Nojoom bent alasherah wamotalagah, 2014) de Khadija Al-Salami que denuncia la legitimidad de casar a niñas de muy corta edad, o la israelí Gett: el divorcio de Viviane Amsalen (Gett, the Trial of Viviane Amsalem, 2014) de los directores Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz, sobre la imposibilidad de divorciarse de una mujer si el varón no quiere, hacen que los extremos se toquen con respecto a la subordinación de la mujer, ya se trate de tribunales rabínicos o tribunales islámicos.

En 2017, Asghar Farhadi, al conseguir el Oscar por segunda vez entró de lleno en la historia del cine equiparándose con gigantes de la talla de René Clement, Vittorio De Sica o Akira Kurosawa. De ahora en adelante habrá que seguir con detenimiento los pasos de este estandarte del cine iraní, ya sea dentro de las ataduras de su contradictorio y amado país, como en el extranjero.

Desde Filmoteca Sant Joan d´Alacant no podríamos despedir de manera más oportuna esta VII edición. Sólo nos queda invitarles a las proyecciones que se llevarán a cabo durante el Festival de Cine de Sant Joan d´Alacant y a que presencien su prestigioso concurso de cortometrajes. Muchas gracias y hasta la temporada que viene.



JMT



Vídeo introductorio a Nader y Simin, una separación
por JMT.




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