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PRÓXIMO CICLO: "CINE LGTB"

lunes, 6 de noviembre de 2017

La calumnia de William Wyler


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza, yo no tengo de qué avergonzarme... Mis dioses me hicieron así.»

Chavela Vargas, al diario El País en octubre del año 2000.


En el año 1934 la dramaturga estadounidense Lillian Hellman obtendría su primer gran éxito con su obra para teatro The Children’s Hour un drama ambientado en un internado para niñas fundado y regentado por Karen Wright y Martha Dobie, dos jóvenes mujeres que mantienen una relación de amistad íntima desde su etapa universitaria; una de las niñas, Mary Tilford, huye del internado tras ser reprobada en varias ocasiones por ambas directoras por su reiterante mala conducta, rebelde, manipuladora y mentirosa compulsiva; para evitar ser enviada de nuevo al internado, la niña acude a ver a su abuela y le revela que las dos directoras están teniendo una relación amorosa. Esta acusación difamatoria se hace viral en el entorno del internado y procede a destruir las carreras, las relaciones y las vidas de Karen Wright y Martha Dobie. La obra se representó por primera vez en Broadway el 20 de noviembre de 1934, en el Teatro Maxine Elliott, producida y dirigida por Herman Shumlin. La producción tuvo un enorme éxito y continuó activa en el Teatro Maxine Elliott hasta julio de 1936 con 691 representaciones. También en 1936 se presentó en París y en el Gate Theatre Studio de Londres. La obra de Hellman se inspiró en una historia real acontecida en 1809 sobre dos maestras de escuela escocesas cuyas vidas fueron destruidas cuando una de sus estudiantes las acusó de tener una relación lésbica; aunque finalmente ganaron su demanda la infamia devastó sus vidas. En el momento del estreno de la obra, en 1934, cualquier mención a la homosexualidad sobre el escenario era ilegal en el estado de Nueva York, pero las autoridades optaron por pasar por alto el tema cuando la producción de Broadway fue aclamada por la crítica.


Cartelería internacional de La calumnia.


En 1930 la asociación de productores cinematográficos de Estados Unidos (MPAA) estableció un código de producción cinematográfica determinado por una serie de reglas restrictivas sobre qué se podía ver en pantalla y qué no en las producciones estadounidense, que sería popularmente conocido como el Código Hays —en alusión al miembro del partido republicano y primer presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América, William H. Hays—. Finalmente se aplicaría, precisamente, a partir de 1934, no sería derogado hasta 1967. Debido a que el Código Hays, ya vigente, nunca permitiría que una película se centrara en el lesbianismo, ni siquiera que lo insinuara —“ Las perversiones sexuales y toda alusión a éstas está prohibida”, sentenciaba tajantemente el código—, el productor independiente Samuel Goldwyn fue el único interesado en comprar los derechos. Goldwyin consiguió que la propia autora, Lillian Hellman, adaptara su obra para la gran pantalla, y la dramaturga cambió la mentira difamada original en la obra, acerca de que las dos maestras de escuela eran amantes, por otra infamia en la que una de las maestras se había acostado con el prometido de la otra. El recién aplicado Código Hays impidió también el uso de cualquier referencia al título original de la obra; Hellman cambió el título de su guión —forzosamente mostrado como original y no como una adaptación basada en su obra— por La Mentira (The Lie), aunque finalmente la película fue bautizada como Esos tres (These Three). Goldwyn ya había contratado a los tres actores protagonistas —Miriam Hopkins como Martha Dobie, Merle Oberon como Karen Wright y Joel McCrea como el Doctor Joseph Cardin— cuando le ofreció a un todavía desconocido William Wyler —que hasta entonces solo había dirigido películas de serie B y Westerns—, la oportunidad de dirigir la película, junto con un contrato para cinco años. Esos tres se estrenaría finalmente en 1936, distribuida por la compañía United Artists, con un significativo éxito por parte de la crítica y Bonita Granville sería nominada al Oscar a la mejor actriz secundaria por su interpretación en el papel de Mary Tilford, la perversa niña que difama la mentira en el internado. A pesar del reconocimiento de la crítica a la labor en la dirección de William Wyler, éste se mostró abiertamente indignado con las restricciones impuestas por el Código Hays y sentenció: “La obra de la Señorita Hellman todavía no se ha filmado”. Lillian Hellman, conocida por su compromiso político con causas izquierdistas fue reclamada años más tarde por el Comité de Actividades Antiamericanas en 1952, sospechosa de comunismo, ante el que se negó a declarar. Su amante, el escritor Dashiell Hammet ya había ingresado en prisión por negarse a colaborar en la caza de brujas iniciada por el senador republicano Joe McCarthy.

En 1961, veinticinco años después del estreno de Esos tres, William Wyler tuvo una segunda oportunidad para llevar la obra original de Lillian Hellman a la gran pantalla, de la mano, de nuevo, de United Artists, pero esta vez producida por el propio Wyler. Para La calumnia (título con el que se estrenó en España) Wyler contó con un elenco interpretativo de lujo, con Audrey Hepburn en el papel de Karen Wright, Shirley MacLaine en el papel de Martha Dobie y James Garner en el papel del doctor Joe Cardin, prometido de Karen. La actriz Miriam Hopkins, que interpretó a Martha Dobie en la primera versión de 1936, fue contratada por Wyler para interpretar, esta vez, a la señora Mortar, la extravagante tía de Martha que convive con ellas en el internado, proporcionando así una sugerente continuidad entre los dos papeles. Las cuestiones sobre el título de la película persistieron, sin embargo. Se consideraron títulos como Infamia (Infamous), La infamia (The Infamous) o El susurro más alto (The Loudest Whisper), título con el que se estrenó en el Reino Unido. Finalmente, Wyler consiguió que se aceptara el título de la obra original, The Children's Hour, y que el nombre de Lillian Hellman apareciera en los créditos iniciales bajo el título de la película como autora de la obra original. A diferencia de la película de 1936, la tarea de escribir el nuevo guion recayó en las manos de John Michael Hayes. Sin embargo, Hellman obtuvo un segundo crédito en la pantalla por "adaptar" el guión de Hayes, aunque más tarde afirmaría que "no tuvo nada que ver con ello" y que el guion “fue adaptado por otra persona".


Martha Dobie (Shirley MacLaine) y Karen Wright (Audrey Hepburn) verán peligrar sus carreras profesionales y relaciones sociales por culpa de la infamia propagada por una niña del internado que regentan.


Cuando Wyler comenzó el proyecto de filmar La calumnia, la homosexualidad y el lesbianismo todavía se consideraban razones de peso para prohibir el estreno de una película por el aún vigente Código Hays. Todavía en 1961, el hecho de que el guion no contuviera las palabras "lesbiana" u “homosexual” literalmente no hizo de la filmación una labor mucho más fácil de lo que fue 25 años antes. Al igual que en la primera adaptación, la calumnia, la mentira difamada por la niña Mary Tilford es sugerida al espectador y nunca expresada en palabras, literalmente, por ninguno de los personajes. En última instancia, sin embargo, La calumnia tuvo más éxito contra los censores del Código Hays que Esos tres, que capituló por completo ante las demandas de la Oficina Hays. El remake se convirtió en uno de los pocos filmes que contribuyeron a la modernización del Código de Producción, que finalmente fue reemplazado en 1967 por el sistema de Clasificación por Edades de la MPAA, un tanto más liberal. Sin embargo, los cambios se produjeron principalmente debido a las presiones del mercado, y no porque la Motion Picture Association of America se hubiera convertido de repente en una institución de censura más amable.

Aprovechando esta “tolerancia” producida por las demandas del mercado, La calumnia resultó mucho más fiel a la obra original que Esos tres, al incluir la verdadera naturaleza, presente en la obra de teatro, del secreto susurrado: el "conocimiento de una conducta sexual pecaminosa y antinatural" entre Karen y Martha. Esta restauración libera a Wyler del trío amoroso artificial impuesto en la película de 1936 que desvirtuó la obra original de Hellman sobre las relaciones de poder en la sociedad americana con una historia de amor típica de Hollywood. El inicio de La calumnia presenta a los personajes de un modo similar al de la obra de teatro, con un recital de piano en la escuela, y el compromiso matrimonial entre Karen y Joe se sugiere inminente. Este motivo de la trama devuelve la historia de amor entre Joe y Karen al fondo al que pertenece, para dejar paso a la verdadera protagonista del film, la calumnia, y a todo el subtexto derivado de la misma: la intolerancia de una sociedad preestablecida capaz de destruir la vida de cualquier persona señalada por una moral tan inexpugnable como hipócrita.

Si bien es cierto que a día de hoy el tema lésbico parece aceptado y normalizado en los países occidentales más desarrollados, a principios de los 60 todavía resultaba un tema más que controvertido. Las revoluciones sociopolíticas sucedidas en los años 60 significaron el germen de mucha de la libertad de expresión de la que gozamos hoy día. Los disturbios acontecidos el 28 de junio de 1969 en Stonewall, en Nueva York, marcaron el inicio del actual movimiento de liberación sexual. Desde entonces, cada 28 de junio se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Orgullo LGTB, en el que se reclaman derechos por la tolerancia y la igualdad del colectivo. La noción básica del «orgullo LGTB» reside en que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, sea cual sea su sexo o identidad sexoafectiva. Pero en los albores de los años 60 la situación actual sobre la libertad sexual resultaba impensable. Esta película, La calumnia, está incluida en un ciclo temático que pretende mostrar la situación del colectivo antes del nacimiento de su activismo político y la situación del mismo en la actualidad, para dar constancia del cambio social y del progreso respecto a la lucha por los derechos del colectivo LGTB. Y el cine, como el resto de las artes, es una herramienta necesaria para mostrar ese progreso.

Particularmente en los Estados Unidos, como comentábamos anteriormente, a principios de los años 60 la censura se había relajado por presiones de mercado y la aplicación del Código Hays se debilitaba progresivamente, pero aún quedaba por derribar un último tabú: la homosexualidad. Los realizadores, cansados de las limitaciones, comenzaron a rodar películas en las que se incluían implícitamente a personajes homosexuales, pero siempre bajo el cliché que debía acompañarlos: llevando una vida atormentada y estigmatizada por su condición sexual hasta el final de sus días. La calumnia es uno de los casos paradigmáticos —quizá el más significativo de ellos— sobre el prototipo de personajes homosexuales que el cine norteamericano ofrecía durante este periodo. Diferente pero fiel al original de la obra de teatro de 1934, el desenlace del relato en La calumnia es previsible.


La infamia susurrada por la niña Mary Tilford (Karen Balkin) a su abuela Amelia Tilford (Fay Bainter) despertará la intolerancia de una sociedad preestablecida capaz de destruir la vida de cualquier persona señalada por una moral tan inexpugnable como hipócrita.


La calumnia es, de todos modos, un referente de cabecera en la historia del cine lésbico americano. Sin embargo, durante todo el periodo anterior al Código Hays impuesto en 1934 —la conocida como era “Pre-Code”—, que incluye toda la etapa silente del cine americano y los albores del cine sonoro, encontramos precedentes significativos. Películas, por ejemplo, en las que las mujeres asumían un rol masculino, vistiendo como tal, y eran consideradas atractivas tanto por hombres como por mujeres. Es el caso del film Marruecos (Morocco, 1930) de Josef von Sternberg, en el que Marlene Dietrich se viste con un esmoquin de hombre en un club nocturno y es aplaudida por todos los asistentes del mismo cuando da un beso en la boca a otra mujer. Otra película con guiños al lesbianismo fue La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, 1933), dirigida por Rouben Mamoulian, en la que, a pesar de que se había cambiado la historia para no hacer alusión directa a la homosexualidad de dicha monarca, se mostraba la estrecha amistad que le unía con una de sus sirvientas también besándola en la boca; la famosa frase "moriré soltero", en masculino, de la monarca en la película es ya una frase para la historia. Su actriz protagonista, Greta Garbo, junto a la ya mencionada Marlene Dietrich, se convirtió en el icono lésbico por excelencia de la historia del cine. Hasta la realización de La calumnia en 1961, es difícil encontrar una película norteamericana con un subtexto implícitamente lésbico, aunque se pueden encontrar casos aislados como el drama carcelario Sin remisión (Caged) dirigido en 1950 por John Cromwell.

Sin embargo, los precedentes más significativos del cine lésbico se encuentran fuera de los Estados Unidos. La considerada como primera película abiertamente lésbica de la historia fue el film alemán Muchachas de uniforme (Mädchen in Uniform) dirigido en 1931 por Leontine Sagan y Carl Froelich. La trama de Mujeres de uniforme transcurre en 1910, cuando una joven huérfana llamada Manuela ingresa en un internado femenino en Prusia. La estricta disciplina del centro no será suficiente para evitar que Manuela se enamore de la joven profesora Elizabeth. Y aunque todas las alumnas beben los vientos por la encantadora docente, Manuela es la única que consigue conquistar su corazón. En 1958, el cineasta alemán Géza von Radványi dirigiría un remake de Mädchen in Uniform protagonizado por Romy Schneider y Lilli Palmer, en una versión mucho menos crítica y mordaz que la original de 1931, que no se estrenaría en España hasta 1977, bajo el temible título de Corrupción en el internado.

Actualmente, la producción de cine lésbico es mucho más prolífica y huelga decir que mucho más libre en su tratamiento y género. Algunos ejemplos en el cine americano de las últimas décadas son Lianna (1983) de John Sayles, Media hora más contigo (Desert Hearts, 1985) de Donna Deitch, High Art (1998) de Lisa Cholodenko, Monster (2003) de Patty Jenkins, Guardando las apariencias (Saving Face, 2004) de Alice Wu, Loving Annabelle (2006) de Katherine Brooks, Los chicos están bien (The Kids Are All Right, 2010) también de Lisa Cholodenko —primer film de temática lésbica nominado al Óscar a la mejor película— o Pariah (2011) de Dee Rees. Fuera de los Estados Unidos destacan obras como la sueca Fucking Amal (1998) de Lukas Moodysson, la neozelandesa Criaturas Celestiales (Heavenly Creatures, 1994) de Peter Jackson, la canadiense El último suspiro (Lost and Delirious, 2001) de Léa Pool, la española Habitación en Roma (2010) de Julio Medem, la francesa La vida de Adèle (La vie d'Adèle, 2013) de Abdellatif Kechiche —ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes— o la británica Carol (2015) de Todd Haynes.

Además de por su tratamiento del lesbianismo, La calumnia es recordada hoy como un clásico por otros factores. Particularmente en la filmografía de William Wyler significó un punto de inflexión en su labor como cineasta. A finales de los años 50 la crítica había acusado a Wyler de conservar un estilo demasiado “clásico” frente a los nuevos estilos de dirección que llegaban desde las nuevas olas del cine europeo. Wyler consiguió modernizar su estilo en la dirección en La calumnia sin perder su maestría en el oficio, conservando sus magistrales movimientos de cámara o la toma de primeros planos y añadiendo recursos en el montaje tan modernos para la época como el de la secuencia en la que Karen corre hacia el internado en busca de Martha, cortando los planos al modo en que lo hacían los franceses de la “nouvelle vague”. Por otra parte, la película también está considerada hoy día como un referente para el estudio de la naturaleza de la infamia y de los juicios derivados de la misma. En este sentido, La calumnia es una de las películas más programadas en las facultades de derecho de todo el mundo, junto con películas más actuales como la danesa La caza (Jagten, 2012) de Thomas Vinterberg.

La calumnia es una auténtica caza de brujas, una historia casi de terror que sitúa el relato en el peor escenario posible para el devenir de las protagonistas: un exclusivo internado para niñas en una localidad indeterminada de la América más profunda y conservadora a principios de los años 60. La calumnia retrata lo peor de una sociedad capaz de avalar cualquier rumor infundado ante el temor de que tiemblen sus cimientos tradicionales e inmutables. A pesar de que el historial de la niña Mary Tilford como mentirosa compulsiva y manipuladora es de sobra conocido por todos los personajes que rodean a Karen y a Martha, la naturaleza de la calumnia difamada por la niña es de tal gravedad que nadie se atreve a dar un paso adelante en su defensa, avalando de este modo a la propia calumnia e hiriendo profundamente la dignidad e integridad de ambas jóvenes, excluyéndolas para siempre de la sociedad en la que viven.

A pesar del evidente progreso en la normalización de los derechos de los homosexuales desde los años 60 hasta la actualidad, todavía queda mucho por luchar hasta que llegue el día en el que ninguna persona tenga que justificarse ante nada ni nadie por su identidad sexual.



Javier Ballesteros


Vídeo introductorio a La calumnia
por Javier Ballesteros.








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